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lunes, 23 de mayo de 2011

La matanza del Café Iguana

Escribir nunca es fácil, pero en Monterrey, escribir, soñar, crear, trabajar cada vez se vuelve más difícil. La madrugada del domingo 22 de mayo fueron acribillados fuera del Café Iguana, Pablote y Gerardo en la calle quedaron ensangrentadas las víctimas de la expresión de violencia más repugnante del género humano, la cosa es triste y ya me cayo gordo el tema recurrente de la violencia en esta ciudad, pero es inevitable volver a retomar la materia.
Muchos juzgan, vociferan, hacen marchas, el gobierno hasta ha patrocinado manifestaciones a favor de la paz auspiciados por la más absurda ridiculez pues son ellos quienes debieran preservar dicha paz con sus acciones, sin embargo está visto que eso no es posible; pero,           ¿porque es diferente en esta ocasión a otras tantas que han ocurrido muertes de inocentes?, ¿qué es lo que marca el hecho de los deleznables hechos ocurridos fuera de la catedral del rock en Monterrey?, no es solo el hecho de que asesinaran a dos personas harto reconocidas por todos los cientos de asistentes frecuentes al Café Iguana, que prácticamente los convertía en personas públicas, no solo es el hecho que  a todos los que nos toco vivir la época dura del reguinderground o antes de nosotros la avanzada regia, conociéramos y reconociéramos a estos amigos o colegas, como una parte de la historia del rock regio tanto como las bandas mismas, puesto que estuvieron ahí, siendo testigos y participando de la historia musical y cultural de nuestra ciudad; y es que una de las cosas que ocurrieron con la matanza del Café Iguanas es que el rock regio murió un poco.
Mucha gente no encontrara conexión con lo que trato de decir; hemos sido golpeados no solo en la muerte de unos amigos, si no en lo más profundo de nuestra alma, la comunidad rockera tanto las bandas, como el publico que gusta del rock regio siempre ha sido una comunidad pacifica, creativa, incluso algo cerrada, el domingo pasado ocurrió lo impensable, nuestros amigos fueron muertos, y por si fuera poco frente a la mismísima catedral del rock en Monterrey, había gente dentro del lugar, entre ellos mi queridísimo amigo David Chapa.
El domingo, nos terminaron de robar, no solo nuestro dinero, o a nuestros jóvenes que ahora en lugar de entrar a la universidad desean ser parte de una célula del crimen organizado, ahora finalmente tocaron una arteria del corazón de Monterrey, su música, su rock, su catedral y por supuesto a nuestros amigos, ¿qué pasa cuando no hay más que sangre en nuestras calles?, ¿cuando no te puedes sentir seguro en ninguna parte?, ¿cuándo nos han arrebatado nuestros lugares de libre expresión y de congregación?, ¿qué vamos a hacer cuando nos están intentando quitar lo que nos hace hombres libres?, lo que nos hace diferentes; de las preguntas que aún quedan en el aire; ¿Dónde será la próxima matanza?, ¿en MARCO?, ¿Chipinque?, ¿el estadio de beisbol?, ¿en Ciudad Universitaria?, ¿Quién sigue?, ¿Yo?, ¿mi hermano?.
Hace tiempo solíamos poseer las calles, desde el crepúsculo al amanecer, por todo el Barrio Antiguo, subíamos y bajábamos con las guitarras al hombro, amplificadores en la mano, pizza y algo de buena cerveza regiomontana en la barriga, solíamos caminar desde Padre Mier hasta Venustiano Carranza, comíamos tacos de madrugada, cantábamos en los camiones, bares y en una que otra esquina, saludábamos a boleros, vagos, vienevienes,  clientes frecuentes del Reforma, El Café Iguana, el Mariscoz Monterrey; hoy somos  dueños del recuerdo, del recuerdo de un Monterrey con mejor cara, del Monterrey de mis amores. Solíamos ser dueños de la calle, perros negros, callejeros, ir al Iguana a tomar caguamas, ver a nuestros camaradas de armas en la entrada, por quienes ahora clamamos justicia, justicia inmediata y expedita; para nosotros reclamamos la posesión de las calles endosadas a nuestro nombre cedidas por el gobierno en su  absoluta ambición y ahora cobardía; reclamemos lo que es nuestro, pasemos del ya basta a la acción, hagamos un paro una huelga general, recuperemos nuestro país, recuperemos nuestro estado; exijamos lo que nos corresponde viene a reunirse la CONAGO dejémosles escuchar nuestra voz.

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